
Y sí, la pelota no quiso entrar.
Como mujer lastimada que te evita, como un hombre mal herido que escapa, la pelota, no quiso entrar. Ni siquiera en esas tres oportunidades finales.
Con tres jugadores lesionados y una expulsión, con algún desacierto, con un día adverso, con un arquero inmejorable, con un día menos de descanso, con un equipo sólido enfrente, la pelota no quiso.
¿A quién le importa hoy la copa que se queda en España?
¿A quien le interesa lo simbólico?
Los que regresan son Ellos y Scaloni.
Una Selección que le ha dado al país lo que las calles buscan cada día y no encuentran, lo que ninguna autoridad puede apropiarse, alegrías y solidaridad de equipo a montones, cariño propio y respeto, la admiración del mundo.
Una Selección que nos sacó durante días y meses de angustias cotidianas liberando la endorfina de la esperanza. La esperanza, ese bien humano escaso y caro. Que humilló a ingleses y levantó una bandera del piso que no representaba solo un trapo.
Una Selección que no distingue pobres de ricos.
No es el Scaloni lagrimeando en la Conferencia, ese Scaloni que nos hizo lagrimear a todos, quien tenga que excusarse de algo. Ni Messi el enorme, quien lagrimeó en el campo quien tenga que explicarnos nada. Estuvimos ahí.
La gratitud que debemos, la admiración, el respeto, no se negocian.
Hubo grandezas como las del Flaco Menotti, o Bilardo.
Y hay grandezas como la de estos muchachos ahora, que no hay con qué compararlas.
Peguen la vuelta, grandes, que hay que empezar de nuevo en lo que sea que decidan, porque en futbol y en mucho más, dieron cátedra y ya dijeron todo. Y en la Vida de la mayoría de los argentinos, dieron mucho más que lo esperado.
La copa, cuando Ustedes quieran, la traen de vuelta.


